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lunes, 1 de octubre de 2018

Encuentro septiembre de 2018, Nro 80: ¨Lezama Restaurant¨ , San Telmo.

Y en un abrir y cerrar de ojos, llegamos a nuestro ochenta aniversario. Sí como lo leen, ochenta establecimientos gastronómicos, bolichitos, restaurants o departamentos devenidos en algo parecido a esto último, que visitamos a lo largo de nuestra humilde existencia. Porque el número redondo invita a celebrar, a sorprenderse del camino recorrido, a seguir fantaseando que viajamos por el mundo visitando y degustando algo mas que comida en un plato, sino la ilusión de dueños y cocineros, que quieren agasajar y sentirse felices de ver varias mesas llenas. Así de igual vivimos esos deseos y así de igual seguimos celebrando.

Casualmente me toca a mí, no pensé en nada alegórico y tampoco fui ¨a por algo original¨. Hacía tiempo que quería llevar al grupo al famoso bodegón ¨Lezama¨. 
Algo del grabado en dorado de los vidrios, las cortinas y la puerta vaiven del ingreso, me invitaban como el flautista de Hamelín a entrar. Con convicción y segura de mi elección, pasé las coordenadas al grupo y hacia allá fuimos.



   


Es martes por la noche y para variar está anunciado tormenta, granizo y la mar en coche. Tenemos versión reducida del grupo porque hay maternidad incipiente y viajes varios, pero la fecha no se cancela ni de casualidad. 
El boliche está tranquilo, los mozos de chaqueta blanca relojean cada tanto el salón para salir rápidamente al servicio, y las mesas bambolean sus manteles inmaculados, las paneras, la sal y la manteca. 


  


Chequeamos la carta y salteamos las entradas, somos pocas y vamos con la modalidad plato individual. La dupla Agus/Titi comparten la paella de mariscos ( especialidad de la casa ) y yo voy por el arroz azafranado con pollo a.k.a paella valenciana. 




 




Sin ofenderla nos reímos un poco de la carta de vinos, clásicos de antaño al estilo Chateaux Vieux y el mas famoso de los Rincones, dejan bastante que desear, pero por suerte encontramos una bocanada de aire fresco entre las reliquias bodegueras, y el amigo salvador se convierte en Nicasia. 


 

Fundado en 1930 y empapelado de tesoros que ponen en evidencia su trayectoria, el Lezama, como me gusta llamarlo, es un museo viviente. Mientras recorro la historia a través de las paredes, me encuentro con la captura enmarcada de la visita de Zinedine Zidane, alguna camiseta de fútbol, y las famosas patas de jamón colgando del techo. Nosotras también aprovechamos para hacer un repaso por la nuestra, la del Grupo Gourmet, que si bien fue fundado hace unos humildes siete años, recolectó anécdotas, aperturas, cierres y mas de una tormenta huracanada.

Como una espectadora hipnotizada, copa en mano, las miro reír a carcajadas, contando de aquella vez que tuvimos que empujar el auto sobre Avenida Córdoba y los muchachos del camión que pasaba nos llenaron de piropos o de la única vez que aceptamos un invitado a la mesa a cambio de que nos oficie de timonel y nos lleve en lancha a comer al Tigre. De las dinámicas de Lu o de alguna que otra ¨apagada de tele¨ de una que otra integrante, todo todo es bienvenido en este grupo que abrimos para ustedes...nuestros queridos y fieles seguidores. 

Llegando al final de nuestra velada y haciendo honores a la sección dulce, nos dejamos acompañar por el bien ponderado vigilante batatero y unas peras al borgoña con helado y obleas. 

Dicen las buenas lenguas que el gran Sábato escribió algunas de sus prosas más célebres en este lugar. Yo juego a que esa noche estuvo sentado en nuestra mesa y fue nuestro nuevo invitado de honor !!




  
Para los mas curiosos dejo una gran nota que escribió Rodolfo Edwards sobre el Parque Lezama y sus rincones más inmortales.

https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1687-2004-09-19.html
                                             
RESTAURANT LEZAMA
Av Brasil 359
Tel: 4361-0114
De martes a domingos, almuerzo  y cena.






jueves, 18 de mayo de 2017

Encuentro Mayo de 2017, Nro 64. MISHIGUENE FAYER, Palermo Chico.


¨No hay dos fuegos iguales, hay fuegos grandes, fuegos chicos y de todos los colores, hay fuegos serenos, que ni se enteran del viento, pero hay fuegos locos, y ese es el que se prende todas las noches en MISHIGUENE FAYER¨, con las palabras de su chef Tomás Kalika arranca esta visita, la que eligió Titi para nuestro encuentro nro 64.

Esta es su segunda apertura, después del exitoso MISHIGUENE (loco en yiddish), Tomás  se atreve a revalorizar la cocina a leña desde la óptica judía, pero sin competir con las recetas de la abuela, como leí en una entrevista . 





Fuegos, carne argenta, ahumados y toda la tradición judía se conjugan en un ámbito moderno y descontracturado. 
Nos juntamos a las 21hs en Cerviño 4417 ( frente a La Rural )y nos sentamos en una mesa cerca de la cocina, abierta y con el mismo Kalika al mando de las comandas.  
El concepto es algo de lo que venimos viendo en Proper, Dabbang y las nuevas aperturas de los últimos dos años, carnes, vegetales, pescados, y casi todo para compartir y probar diferentes texturas y sabores.


La carta marea un poco y necesitamos del camarero para que nos oriente, palabras nuevas, cocciones diferentes ( son cinco: Mangal, parrilla, ahumados, espiado y tannur ), y una pregunta clave: saber cuanto pedir?.


Todos los platos de la carta vienen acompañados por seis ensaladas de temporada: pickles, coleslaw, cous cous, tomate y pepino,  pan pita y una salsa a elección.

  

 


Arrancamos un poco decepcionadas porque pedimos la carta de vinos y oh sopresa solo había uno de Catena Zapata. Nos hubiera encantado ver variedad, bodegas boutique y etiquetas nuevas, vamos Fayer... el lugar y la carta, lo ameritan. Dato extra: hay una barra increíble de tragos, ideal para sentarse y cenar solos !!!

De entrada pedimos: un hummus y un Shishlik, una pizza de carne asada a las brasas, condimentada con especias ras el han out y hierbas frescas. 


Seguimos con las carnes y pedimos, un pichón de pollo al spiedo marinado en vino blanco, aceite de oliva, limón persa, especias ras el hanut, ajo y cilantro  y unas espadas con bife de lomo y cordero.  Se sienten a la perfección los aliños y las cocciones. Realmente un manjar.

 

Capítulo aparte para los cinco postres de la carta, nos encanta cuando no desentonan y hay igual dedicación que los platos salados. Un manjar todos e imposible recomendar uno solo !!!

Malabi criollo: Leche espaciada con dulce de leche, salsa caramelo y masa bretona de chocolate con frutos secos, servido con crema montada de limón.



Baklawa: láminas de masa filo rellenas con frutos secos y con mousse de crema pastelera.


Chocolate: Mousse de chocolate, compota de damascos turcos y mouse de crema pastelera.


Baba de almíbar y Pistachos: Curd de tamarindo, merengue de jengibre y barat. 


La noche fue un tanto caótica porque aún están probando tiempos y ajustando el servicio. Pero los perdonamos porque fuimos la primera semana de apertura, porque Tomás nos lanzó varias sonrisas cómplices   para que así lo hiciéramos, y porque para compensar nos trajo todos los postres de la carta.

Una propuesta atrevida, creativa y una oda al sabor. 

MISHIGUENE FAYER:
Avenida Cerviño 4417, Palermo chico.
Todos los días de 12hs a 0hs.
Reservas: 4774-3313




miércoles, 3 de mayo de 2017

Encuentro Abril de 2017. Nro 63. ¨Inmigrante¨, Palermo.

Hijos de, nietos de...seguro que algún inmigrante hubo u hay en la familia. Y ni hablar de los platos o libretitas con recetas magistrales que vinieron junto a ellos. Algo así se revela en el mismísimo y no tan nuevo INMIGRANTE, lugar que eligió Fer para llevar al grupo en el mes de abril.

Llegamos a las 21hs a un típico caserón del barrio de Palermo, reciclado pero manteniendo una atmósfera descontracturada e informal, lo que mas se destaca a primera vista es la bodega con etiquetas increíbles y difícilmente asequibles en vinotecas (punto para Inmigrante), la mesa para grupos grandes en un sector con vista a la calle, y la cocina abierta donde se ve a todo el equipo en acción.






Todo el profesionalismo y la atención están al pié del cañón, camareros que van y vienen, que sirven, que describen los platos previamente estudiados, que miran de reojo cada comensal, nada está librado al azar. Y esto no es porque sí, detrás de Inmigrante está toda la experiencia de su alma matter y ex sous chef de Tarquino, Leandro Di Mare (nos encanta que esté ao vivo y con delantal puesto en la cocina)




Pero vamos por la comida. Como coincidimos con el Buenos Aires Food Week decidimos probar el menú de 3 pasos, a diferencia de otros restaurants, esta vez cada una podía elegir entre el Food Week o el menú a la carta. Para comenzar nos trajeron un Aperol Spritz (incluido en el menú FW), pan casero y una pasta exquisita de arvejas y menta (nada de untables con las sobras de otros días, ni manteca con ciboulette, otro puntito para Inmigrante.




Elegimos los vinos personalmente, sí señores al que le interese se puede levantar, ir hasta la bodega y traerse la botella a la mesa : primero un Bonarda ¨La Posta¨by Laura Cadena y luego Malbec/Cabernet, Sur de los Andes. Los dos excelentes.






De entrada pedimos una provoleta: estacionada y luego cocida a la parrilla, con morrones asados en oliva y ajo, rúcula fresca y cherrys confitados, sobre tostón de focaccia.




Una versión del Revuelto Gramajo, pero con la aclaración previa de ¨sin el revuelto ¨, jamón marinado y glaseado a la parrilla, huevo frito con polvo de aceitunas negras, arvejas en conserva de ajo y limón, cebolla encurtida y papas fritas a la provenzal.




Para los principales un vacío con chimichurri, acompañada con pasta fresca, pesto de rúcula y queso crema, parmesano, alcaparras y jugo de carne.




Un risotto con arroz carnaroli cremoso cocido en fumet de langostinos, mejillones y berberechos, parmesano y albahaca fresca.




Y una hermosa milanesa de peceto a la napolitana, puré ahumado de batatas y ensalada rusa de la casa.




Fuera del menú Food Week y a la carta pedimos este matambre de cerdo a la parrilla con batatas.(aclaramos que todos los platos que formaban parte del menú que pedimos, están en la carta normal de Inmigrante)




Mención especial para los postres, que si bien son solamente tres, no escatiman en sabor, calidad y consistencia.

Pedimos el flan con 20 yemas, corazón de caramelo, crema chantilly y dulce de leche casero.




Y una versión del tradicional postre vigilante, con cinco variedades de quesos, dulce de batata y membrillo y frutas secas garrapiñadas.




Detalles para destacar: hubo refill de agua gratis durante toda la noche, nos cambiaron las copas a medida que fuimos cambiando los vinos, nos cambiaron los cubiertos entre el 1er y 2do plato, y para sorpresa nuestra, el chef se acercó a saludarnos, hicimos una sobremesa eterna y no nos echaron.

En resumen, una gran velada, en un lugar cuidado al máximo en sus detalles, tanto en la cocina como en el servicio. Definitivamente, volveremos.





Yapa : Nos trajeron una degustación de cortesía de dos vinos: Font de Cave Gran Reserva 2005 (Cabernet Sauvignon) + Kenwood Reserve Sonoma County 2010 (Cabernet Sauvignon


INMIGRANTE:
Cabrera 4667, Palermo.
De martes a sábado de 20 h a 00:30 h.
Reservas: 011 2083-2220
Efectivo y tarjeta.



lunes, 7 de noviembre de 2016

Encuentro octubre de 2016, Nro 57. ¨Una canción coreana¨ barrio de Flores.

¨Una canción coreana¨ es, además del restaurant que eligió Titi para nuestro encuentro nro 57 del Grupo Gourmet, una película. Estrenada en el Festival Bafici en 2014, cuenta la vida de Ana, su protagonista, una hermosa mujer que sólo amenaza con su voz suave y delicada.  

Es además de un restaurante, un recuerdo de bazar devenido en hogar y un ¨puente¨, esa fue la palabra que utilizó Ana, para acercarnos a la auténtica comida que se preparaba en las casas en Corea.


Ubicado en la famosa Avenida Carabobo en el bajo del barrio de Flores, ¨Una canción ...¨, fue donde la misma Ana de la película, nos recibió.  No fue hasta que terminanos la cena, que nos contó su historia. Y así va a comenzar este post... por el final.

Ana llegó hace 30 años a la Argentina; acá empezó su camino, se unió a la comunidad en el bajo Flores y se enamoró de otro compatriota. Tuvo hijos, vivió con su ¨madre¨ (pídanle que les cuente quién es, yo no lo voy a develar) y hace cuatro años decidió unir dos culturas en un proyecto arriesgado y ambicioso. Del bazar que supo existir anteriormente, sólo quedan las fotos que decoran el salón. Casi como para recordarle una y otra vez el esfuerzo y el camino andado.


Ana es el alma del lugar, es quién te recibe, te cuenta que es cada plato, te cobra, y te mira de reojo para ver cómo vas a reaccionar. Sin maquillaje y una sonrisa que parece no descansar, es una de las mujeres más bellas que conocí en el último tiempo.

El barrio coreano nos recibió con todas las pompas, con sus veredas talladas y con varios restaurantes a lo largo de la avenida.






¨Una canción coreana¨ es la casa de Ana para probar las delicias que comen en la comunidad, sin aditivos ni conservantes. Para poder tentarse e imaginar cada plato, la carta está armada con fotos y descripciones, para que no tengamos que estar preguntando a cada rato ¨de qué va la cosa¨ (de todos modos estoy segura que Ana explicaría cada ingrediente con todo placer) 







Para empezar pedimos dos entradas: las ¨Nokdu Binde Tok¨, la tortilla coreana, una especie de panqueques hechas con harina, frijoles, carne de cerdo, cebolla de verdeo y Kimchi (que es una preparación secreta de vegetales), que tuvimos que cortar con tijera. Así nos dijeron!!


Y las ¨Jhin mandu¨ o empanadas de Kimchi al vapor. Hechas con el tradicional Kimchi, tofu, carne de cerdo y harina.


De principales pedimos todo al centro y para compartir, un ¨BulGoGui¨, que es una carne de ternera macerada con una salsa agridulce, acompañada con vegetales, arroz blanco y lo que se ve en la foto, fideos de batata. Increíble y nada picante. 






El resto de los platos, y para las amantes del picante, todo todo iba del poco picante al nivel PP. (previo aviso). Olvídense del pan para bajar el picor. 
Pedimos la sopa de Kimchi, hecho con kimchi estacionado, panceta de cerdo y queso de soja, todo hervido con agua y condimentos coreanos. 
Unos platitos de tofu y verduras extra picantes.


La vajilla?, auténticos palitos pero nada de plástico ni madera, aluminio 100%.
Nos quedamos con las ganas de probar algo dulce, pero en ¨Una canción... ¨, no hay postres. Ana nos contó que no suelen comer dulce después de las comidas. Solo té y la única crítica del lugar... el té del burrito??? Nos hubieran gustado unas hierbas autóctonas para la sobremesa. De todos modos, el Cachamay digestivo fue bien recibido. 



Ya emprendiendo la retirada, nos ofrecieron el doggy bag para las sobras y las aceptamos con gusto. Agus tuvo fiesta coreana nuevamente al otro día. 


Después de una gran velada en las tierras del ciclón, llego a casa y lo primero que hago es ver el trailer de la película, me emociono de pensar todo lo que puede lograr un plato de comida y sólo pienso en volver para escuchar a Ana cantar...¨Una canción coreana¨




¨Una canción coreana¨

http://www.unacancioncoreana.com
Av Carabobo 1549,
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Horario: 12:00 - 22:30 h. Último horario de ingreso 21:00 h.
Martes a domingo y feriados.